Procreación y replicantes | Parte dos

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Procreación y replicantes | Parte Dos

Por: Óscar Rodríguez Gómez*

El personaje, breve y fríamente interpretado por Carla Juri (Locarno, Suiza, 1985) será la síntesis de una trama en el fondo sencilla escrita por Hampton Fancher, guionista del Runner de 1982 y que en 35 años sólo ha escrito otros tres argumentos: The mighty quinn, con Denzel Washington y The minus man, con Owen Wilson, además de este Runner que es más que una secuela al film noir disfrazado de SF del siglo pasado.

San Luis Al Instante.- En Blade Runner 2049, la Doctora Ana Stelline posee el don de crear ambientes virtuales con la misma calidad que los replicantes de nueva generación, y se le considera el activo más valioso de los poderes en boga dentro de 32 años. El problema de Stelline es su carencia total de sistema inmunológico, por lo que vive en la consabida burbuja sintética. ¿Cuál es el interés de Rick Deckard en ella?

El personaje, breve y fríamente interpretado por Carla Juri (Locarno, Suiza, 1985) será la síntesis de una trama en el fondo sencilla escrita por Hampton Fancher, guionista del Runner de 1982 y que en 35 años sólo ha escrito otros tres argumentos: The mighty quinn, con Denzel Washington y The minus man, con Owen Wilson, además de este Runner que es más que una secuela al film noir disfrazado de SF del siglo pasado. Para actualizar su trabajo, se convocó a Michael Green – Logan; Alíen Covenant y Murder in Orient Express, remake por estrenarse- para la redacción final.

Llegó el momento de viejos escritores para nuevos géneros, o ¿cómo clasificar una narrativa que trasciende el modelo SF pero que tampoco entra en el cyberpunk? Fancher y Green recrean y expanden el look patentado por Hampton, Ridley Scott y el diseñador Syd Mead en el clásico del siglo XX. Pero la expansión provoca un asombro reconfortante al no redundar en las ideas del primer Runner y tratarse de un film justificadamente extenso, de ritmo lento, no sustentado en escenas de acción y con un aliento filosófico que sólo Kubrick y Tarkovsky lograron asentar en el género.

Esa brisa filosófica -intolerable siempre para los jóvenes (2001 y Solaris siguen incomprendidas a casi 50 años)-  es la que descompone las expectativas de la generación de las maquinitas que retuercen el cerebro con su intrascendencia comunicativa. Ridley Scott ya no está para hacer gustos al nuevo mercado de “pelis” y cedió la estafeta al francocanadiense Denis Villeneuve, especialista en personajes retraídos, situaciones extremas, encuadres largos y bruscos giros en la trama.

Melodramático, pero no complaciente con las formas de Hollywood, y menos cuando se trata de la manipulación emocional, Villeneuve es diferente frente a su maestro Scott y ante Su Majestad Christopher Nolan, quien ya tiene pedestal por Interstellar (2014) monumento SF que agita los sentimientos de la audiencia o Dunkerque (2017), adoratorio a los cien años de Birth of a Nation e Intolerance, de D.W. Griffith en tanto nos cuenta con emociones encontradas tres historias paralelas que convergen en un mismo punto, la técnica narrativa de Griffith con el descubrimiento artístico del montaje.

Pero Villeneuve es europeo. Llevó a José Saramago a la pantalla con Enemigo (2013) y hace dos años, con la idealista Sicario, mostró con éxito que se puede hacer participar al público merced a la frialdad, al ritmo lento en la edición y nunca empalmar encuadres a la velocidad del cine comercial. Curioso, pero desde Antonioni hasta Bresson, se ha demostrado lo que con esa “lentitud” se logra en ritmo y profundidad. Por si fuera poco, la inspiración europea del Scott del primer Runner, la iconica Metropolis (Fritz Lang, 1927), lejos de reabsorberse, permite al sensible Denis mayor profundidad temática.

Además de ser un señor muy espabilado y con gran sentido estético, Villeneuve ama profundamente la ciencia-ficción. Y eso se nota, para bien, en esos ambientes esculpidos hasta el último detalle y observados, quién lo hubiera dicho, en el flashback emocional de un Harrison Ford recuperando a Rick Deckard, ese personaje al que tanto detestó y que nunca dejó de ser un  garañón zarandeado por las circunstancias. Y se nota, por último, en esas ambiciones suyas que aspiran a lo monumental, a lo ciclópeo. A alzarse más allá de Orión, como mandan los cánones. Pero que, a la hora de la verdad, acaban arrastrándolo a la Tierra.

(Continuará)…

* Óscar Rodríguez Gómez es candidato doctoral por la Universidad Nova de Florida, EE.UU. Maestro en educación con Especialidad en Desarrollo Cognitivo por el ITESM. Licenciado en Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana. Pionero en San Luis Potosí de la difusión de música rock en radio y TV., y de su crítica en periódicos. Hermeneuta del cine.

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