Procreación replicante: luz y música | Parte cuatro

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Procreación replicante: luz y música | Parte cuatro

Por: Óscar Rodríguez Gómez*

En Blade Runner 2049, el canadiense retoma la pregunta central de la obra de Ridley Scott –¿qué nos hace humanos?– y profundiza sobre ella, pero con su propio lente.

San Luis Al Instante.- Blade Runner 2049 será objeto de estudio para los siguientes años y no sólo dentro del plano argumental o filosófico, sino fuera de él, al interior de la misma producción. Aquí se demuestra algo que pudo ser sumamente catastrófico: hacer una secuela de un clásico que influenció todo un género por décadas. En  vez de ello, 2049 se volvió SU extensión. Denis Villeneuve no tuvo temor de profundizar o proponer, y se nota la evidente seguridad de estar haciendo algo único. Es claro que su visión llegó íntegra a la pantalla, sin interferencia de políticas de un estudio industrial.

El cine de Villeneuve constantemente coquetea con la tesis de ¿Quiénes somos en realidad? Así sea desde lo que podemos hacer para recuperar a nuestra hija en Prisoners, descubrir que tenemos un gemelo idéntico a nosotros que ha cumplido nuestros sueños como en Enemy ( de una obra de Saramago) y los recuerdos familiares que desconocemos en The Arrival. En Blade Runner 2049, el canadiense retoma la pregunta central de la obra de Ridley Scott –¿qué nos hace humanos?– y profundiza sobre ella, pero con su propio lente.

Por ejemplo, el debate científico. En Arrival la propuesta es ambigua sobre la hominización y es algo que las ciencias de la lengua pasan del siglo de discutir: ¿Qué fue primero? ¿La lengua o el pensamiento científico? Con intención sublime, el guionista Eric Heisserer -basado en la novela de Ted Chiang Story of your life-, hace a un lado la supuesta ignorancia de las audiencias para darnos una clase de lingüística y epistemología. Le vale.

El principio de la comunicación de los visitantes (los heptapodos) allende el sistema solar, es que no hay correlación entre entre lo que dicen y lo que escriben. A diferencia de todo el lenguaje escrito humano, los heptapodos tienen una escritura semasiográfica (puros semas): concibe el significado pero NO representa un sonido. Saussure y seguidores se revuelcan bajo tierra.

Pero lo que deja abierta la discusión es la forma en que los visitantes escriben. “Como si el humano escribiese con ambas manos de tal modo que éstas se encontrasen al término del enunciado”, se dice mientras la comunicación se da en un plano inconcebible, ya que los heptapodos NO escriben en la realidad, sino en la virtualiđad. Por lo tanto, su escritura, a diferencia del habla, está libre del TIEMPO ya que su soporte son hologramas.

El antiguo colaborador de Villeneuve (Sicario, 2013) y leyenda de la fotografía, Roger Deakins, es el creador de un lienzo parteaguas que viene trabajando con Night Shyamalan, con los hermanos Cohen y hasta con Angelina Jolie (Unbroken, 2014). En Arrival logra un trabajo impecable, colorido, donde cada cuadro, cada luz y sombra están ahí por un motivo, por una razón. Lo rojizo de un desierto, o una mansión, contrasta con las luces neón y la lluvia abrazando el anuncio gigante de una bailarina de ballet. Cada personaje en Blade Runner 2049 está constantemente presentado con una sombra, una oscuridad en su rostro que juega con la dualidad del ser humano, con sus intenciones, con su pasado y su futuro, siempre bajo el lente de Deakins, que no se cansa de hacer ondular la vista con los amarillos en perpetuo movimiento.

Había que retratar lo más proyectivamente la ciudad de Los Ángeles… y sacarnos de esa ciudad más decadente que nunca, para mostrarnos otros lugares y otros colapsos de la civilización: Las Vegas, como irónico ejemplo con los hologramas con estática de Elvis Presley, Marylin Monroe y Frank Sinatra. Este thriller policíaco de género noir nos presenta un Los Ángeles que no es tan diferente al que conocimos en la cinta de Ridley Scott, gracias a que Villeneuve regresó a lo análogo y no quiso que este mundo futurista estuviera repleto de pantallas digitales. No hay duda, es la evolución natural de aquel mismo y caótico Los Ángeles de 2019.

La banda sonora está a cargo del idolatrado Hans Zimmer – media obra de Scott, toda la saga de Piratas del Caribe, todo lo derivado de Código DaVinci, y principalmente la obra de SM Christopher Nolan, alcanzando el climax del órgano tubular en Interstellar y del uso de tres temas diferentes para los segmentos de Dunkerque-, con el apoyo de Benjamin Wallfisch. Sin embargo Zimmer, cuando quiere emocionar, acaba recurriendo a samples de los viejos temas de Vangelis del primer Runner apenas disimulados y clavados como cebos para nostálgicos.

La música goza de una personalidad que nos recuerda lo épico y misterioso de La llegada, pero irónicamente no fue compuesta por otro colaborador recurrente de Villeneuve, el sueco Johan Johannssen. El canadiense señaló que Johanssen tiene un estilo muy particular pero que no era lo que buscaba con Blade Runner 2049, y en cambio se hizo de los servicios de Benjamin Wallfisch y del mismísimo Hans Zimmer; los últimos 30 minutos de la película no serían los mismos sin ese score.

(Continuará)…

* Óscar Rodríguez Gómez es candidato doctoral por la Universidad Nova de Florida, EE.UU. Maestro en educación con Especialidad en Desarrollo Cognitivo por el ITESM. Licenciado en Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana. Pionero en San Luis Potosí de la difusión de música rock en radio y TV., y de su crítica en periódicos. Hermeneuta del cine.

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Procreación, pensamiento, lenguaje y replicantes | Parte Tres.

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